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Silo

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Rey de Oviedo (774-783). Tras la muerte de Aurelio I, Silo alcanzó el trono al tener por esposa a Adosinda, hermana de Fruela e hija de Alfonso I, quien era una mujer de gran carácter que empequeñeció al monarca y buscaba que Alfonso II, como legítimo heredero, ocupara su lugar en el trono. 

Fue coronado en Pravia y continuó la política pacífica de su antecesor, debido a que probablemente su madre era musulmana y emparentada con Abderramán, según la Albeldense: «Cum Spania ob causam matris pacen habuit», aunque no se sabe con seguridad cuál es el papel que desempeñase la madre de Silo en dicho pacto. Cuando se proclamó rey, se le sublevaron los gallegos, negándose a pagar tributo, a los que derrotó en el Puerto de Cuperio, hoy Cebrero. 

Trasladó la capital a Pravia, al final de una comunicación que la enlazaba con Asturica Augusta, siguiendo el curso casi paralelo a la que iba desde León hasta Lucus Asturum. Así, haría frente a quienes partieran de Astorga para penetrar en Oviedo por el puerto de La Mesa. Más tarde emprendió campaña contra los moros y llegó a Mérida, trayendo los restos de Santa Eulalia, dejados en la iglesia de San Juan Evangelista, que el propio Silo fundó en Santianes, a dos kilómetros de Pravia. Allí figura la lápida donde la inscripción Silo Princeps fecit aparece escrita de doscientas maneras, (según otros hasta 2024), partiendo de la ese colocada en el centro de la lápida. Siendo de salud delicada por su avanzada edad, y aconsejado por Adosinda, cedió varias prerrogativas a don Alfonso, el hijo de Fruela, haciéndole ejercer de servidor real. Silo falleció en el 783 y fue enterrado en el Monasterio de San Juan Evangelista, fundado por Adosinda, quien quedó al frente de los negocios del reino, dándole a don Alfonso gran intervención.  

Murió sin descendencia, aunque se le atribuye la paternidad de Adelgastro. Sin embargo, a su muerte, los magnates se dividieron en dos facciones, una con Alfonso y otra con Mauregato, hijo bastardo de Alfonso I, apoderándose éste de la villa de Pravia. Ambos ejércitos se encontraban en la orilla del Nalón y se disponían a combatir cuando Alfonso recibió la noticia de que los moros de Mahamuel se habían apoderado de Oviedo. Raudo y veloz acudió a Oviedo a combatirle y vencerle. Mientras, Mauregato reforzó su ejército con la ayuda del rey moro de Córdoba, por lo que Alfonso se retiró a Navarra. Adosinda ingresó monja en el Monasterio de San Juan Evangelista y en él terminó sus días, sepultada con Silo. Más tarde don Silo y su esposa fueron trasladados a Oviedo, a San Juan de las Dueñas, hoy San Pelayo, en cuya iglesia, tras la capilla mayor, había un sepulcro con estas letras: H.S.E. S. S. T. T.L, que quiere decir: Hic situs est Silus sit tibi terra levis. Aquí yace Silo; séale la tierra liviana. 

Silo dejó para la posteridad un importante documento, que hoy en día está custodiado en la Catedral de León. Se trata de un documento de donaciones, el más antiguo de los escritos en Asturias, fechado el 23 de agosto del año 775. La donación se realiza sobre varios monjes a los que se otorga un lugar para la construcción de vivienda y monasterio en la provincia de Lugo. El documento deja entrever como aun están funcionando los dictados de las reglas monásticas de San Isidoro y Fructuoso de Braga. 



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