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Gundemaro

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Rey de los visigodos tras su elección por los que habían protagonizado la conjuración (IV-610) contra su antecesor. Se desconocen los datos previos de su acceso al trono y es probable que perteneciera a la facción nobiliaria que anteriormente había apoyado el gobierno de Witerico. La administración central siguió regentada por la misma oligarquía nobiliaria que había detentado el poder hasta entonces, como el conde Bulgar, que fue nombrado Dux de la Narbonense. Hacia 910 tuvo que hacer frente —al igual que su antecesor—, a las continuas incursiones de cántabros y vascones en las tierras de los valles del Duero y del Ebro.

Su política exterior —continuación de la iniciada por su antecesor— se centró en el acercamiento a Austrasia, a través del mantenimiento de su amistad con Teodoberto II de Austrasia (595-612) y con el rey franco Clotario II de Neustria (584-629) y de su hostilidad hacia la regente de Austrasia Brunequilda o Brunhilda y hacia el rey de Borgoña (595-613) y de Austrasia (612-613) Teodorico II, y su oposición al Imperio bizantino. Ante la posibilidad de una acción coordinada entre borgoñones y ávaros en Austrasia, concedió una ayuda monetaria a Teodoberto II a través de Bulgar. En el transcurso de estas negociaciones Teodorico II apresó a algunos enviados visigodos, ante lo cual Bulgar se apoderó de Iuviniacum (Juvignac) y Cornelianum (Corneilhan), ciudades que habían sido entregadas por Recaredo I (586-601) a Brunequilda y que el dux retuvo hasta que los nobles godos fueron puestos en libertad.

Con el propósito de poner fin a la presencia bizantina en la Península y aprovechando la crisis interna que padecía Bizancio debido a los avances de la tropas del rey persa Cosroes II (590-628) en la península de Anatolia, organizó una expedición contra una importante plaza en poder bizantino, que, según algunos hallazgos, podría localizarse en Levante.

Al contrario que su antecesor mostró un gran interés por los problemas de la Iglesia y para poner solución a los mismos y reafirmar la primacía de Toledo como sede metropolitana el 23-X-610 convocó un concilio de los obispos de la provincia cartaginense de Toledo, primero celebrado desde el reinado de Recaredo I y que contó con la asistencia de quince de ellos.

Los obispos publicaron una declaración en la que se establencía que Toledo era la metrópoli de toda la provincia Cartaginense, que fue corroborada por el monarca mediante decreto decretum Gundemari. En esta declaración conjunta, que posiblemente fue redactada por San Isidoro de Sevilla, fue ratificada la indivisibilidad de la provincia Cartaginense, en la que primaba como sede metropolitana la ciudad de Toledo.

Mientras que la primera declaración se oponía a la creación —por Leovigildo (568-586) o Recaredo I— de la provincia de Carpetania sobre los territorios de la Cartaginense, con lo que se reconocía la dominación bizantina de la Península, la segunda sostenía la preeminencia de Toledo, visigoda, sobre Cartagena, bizantina, es decir, se reafirmaba que el dominio de Bizancio era temporal y que carecía de derecho histórico.

Su política interior se caracterizó por una limitación de los Cartaginense. Favoreció a la aristocracia fundiaria, lo que le permitió concluir el reinado de forma pacífica. Murió en Toledo en febrero o marzo de 612.



TOTAL: 14 monedas expuestas
Anverso

+ GVNDEMARVS REX alrededor de un busto esquemático del monarca de frente 

Reverso

+ (CECA) PIVS alrededor de un busto esquemático del monarca de frente