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LOS VISIGODOS
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WAMBA
(682-680)
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Wamba
(?-688) Rey visigodo de Hispania (672-680).
Pese a rechazar el nombramiento
debido a su avanzada edad, Wamba fue forzado por la nobleza a aceptar el
trono en la localidad de Gertici o Gérticos, después llamada
Wamba en su honor (Valladolid), el 21 de septiembre del año 672. Aquí
fue donde murió su antecesor Recesvinto.
Por iniciativa propia exigió
ser coronado en Toledo el 20 de octubre de 672.
Fue el último rey que dio
esplendor a los visigodos. Con su muerte comienza la decadencia. Su reinado
no fue fácil, pues lo pasó casi enteramente sofocando las
luchas internas de la nobleza contra la monarquía, los nobles entre
sí, los católicos contra los arrianos y la población
hispano romana contra los visigodos. Además tuvo que sofocar una
rebelión de los vascones, y en el 672 tuvo que enfrentarse a un nuevo
y desconocido peligro: la invasión de norafricanos o árabes,
que intentaron de pasar a la Península por Algeciras, intento que
fue rechazado por los visigodos.
En la región de Septimania
en la Galia (al sureste de la actual Francia) en el año 673 tuvo
lugar una revuelta de algunos nobles visigodos encabezada por Ilderico, que
se había proclamado rey. Wamba envió al duque Paulo para sofocarla
pero éste inició su propia rebelión en Narbona. Paulo
reemplazó a Ilderico y se proclamó a su vez rey. Ante la situación,
Wamba, que se encontraba combatiendo a los vascones que invadían Cantabria,
acudió al lugar de los hechos y tomó por las armas Tarragona,
Barcelona y Narbona dominando finalmente la sublevación y capturando
a Paulo. Estos sucesos dieron lugar a que Wamba reorganizara su ejército
proclamando una ley que obligaba a los nobles y eclesiásticos (bajo
pena de muerte, confiscación de bienes y exilio) a acudir con las
tropas en caso de invasión o rebelión.
El obispo de Toledo Julián
II (680-690) es autor de Historia Rebellionis Pauli adversus Wambam.
Wamba convocó así
mismo el IX Concilio de Toledo del año 675 en el cual se dictaron
medidas para corregir los abusos y vicios eclesiásticos.
Se cree que el metropolitano de
Toledo, Julián II, intervino en la conjura que acabó con el
poder del rey Wamba. El rey fue engañado y narcotizado y una vez en
ese estado, le tonsuraron, le vistieron con hábito de monje y le
obligaron a renunciar a la corona.
Después de estos sucesos
Wamba se retiró al monasterio de San Vicente en Pampliega (Burgos)
(hoy desaparecido) y allí murió en el año 688. Su cuerpo
se conservó allí sepultado hasta que Alfonso X lo mandó
trasladar a Toledo a la iglesia de santa Leocadia. Otro noble llamado Ervigio
(cabecilla de la conjura contra el rey) recibió la corona y la unción
por parte del obispo Julián de Toledo.
Según la tradición,
el rey Wamba, después de derrotar la rebelión de Narbona trajo
desde allí las reliquias del mártir Antolín, príncipe
visigodo ejecutado en Toulouse a fines del siglo V. Se depositaron en lo
que después fue la Cripta de San Antolín de la catedral de
Palencia.
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