Rey de
España y Portugal (Madrid, 1578-1621). Era hijo de Felipe II, a
quien sucedió en 1598. Aficionado al teatro, a la pintura y
-sobre todo- a la caza, delegó los asuntos de gobierno en manos
de su valido, el duque de Lerma; por influencia de éste, la
corte española se trasladó temporalmente a Valladolid
(1601), volviendo luego a su sede de Madrid (1606). Al morir Lerma en
1619, le sucedió en el valimiento su hijo, el duque de Uceda, si
bien el rey impidió que alcanzara un poder tan ilimitado como
había tenido su padre. A lo largo del reinado se sucedieron las
reformas institucionales para solucionar los problemas de
corrupción e inoperancia que aquejaban a la
administración de la Monarquía: aparte de los cambios
introducidos en el tradicional sistema de Consejos, se extendió
cada vez más el recurso a las Juntas, órganos destinados
a mermar el poder de aquéllos en favor de un gobierno más
ágil y coherente, pero que no produjeron el resultado apetecido
(Junta de Guerra de Indias, Junta de Desempeño, Junta de
Hacienda de Portugal…). Los problemas financieros, que se arrastraban
desde el reinado anterior, hicieron al rey dependiente de las Cortes, a
las que hubo de reunir con más frecuencia que sus antecesores
para que le otorgaran los recursos imprescindibles para mantener la
acción exterior de la Monarquía (servicios de millones).
Por último, en la política interior de Felipe III hay que
destacar la expulsión de los moriscos (1610), que liquidó
el problema creado en tiempos de Felipe II, al esparcir por toda la
Península a los musulmanes granadinos derrotados en la Guerra de
las Alpujarras; dicha expulsión tuvo efectos económicos
muy negativos.
Con
Felipe III se inicia la serie de los llamados «Austrias
menores», monarcas de la Casa de Habsburgo en el siglo XVII, bajo
los cuales se produjo la decadencia del poderío español
en Europa. Los inicios del reinado se caracterizaron por una
línea pacifista, obligada por las dificultades financieras: en
1604 se firmó la Paz de Londres con Inglaterra; en 1609 la
Tregua de los Doce Años con las Provincias Unidas de los
Países Bajos; la paz
con Francia, que Felipe II había concertado en
sus últimos momentos (Vervins, 1598) quedó consolidada en
1615, mediante sendos matrimonios del rey francés con una
infanta española y del príncipe heredero de España
(el
futuro Felipe IV) con una infanta francesa; y los éxitos
militares conseguidos en el norte de Italia parecieron abrir
también allí un periodo de tranquilidad (Convenio de
Pavía, 1617). Esa situación se rompió cuando los
conflictos internos de
los Habsburgo arrastraron a toda Europa a la Guerra de los
Treinta Años (1618-48). Iniciada a propósito del
enfrentamiento entre católicos y protestantes en Bohemia, la
primera fase de la guerra (la correspondiente al reinado de Felipe III)
enfrentó a España, aliada de Austria y de Baviera (que
encabezaba a los príncipes alemanes de la Liga Católica),
contra los protestantes bohemios apoyados por el Palatinado (que
encabezaba a los príncipes alemanes de la Unión
Protestante). La victoria de las tropas españolas mandadas por
Spínola en el Palatinado, y de las tropas de
la Liga mandadas por Tilly en Bohemia, saldó esta primera fase
en beneficio de los intereses españoles; pero la guerra se
reanudaría en el reinado de Felipe IV en un sentido mucho menos
favorable.
|