(Llamado el
de las Mercedes) Rey de Castilla, primero de la casa de Trastámara
(Sevilla, 1333/34 - Santo Domingo de la Calzada,
Rioja, 1379). Era hijo bastardo de Alfonso XI, aunque
había sido adoptado por Rodrigo Álvarez,
conde de Trastámara, de quien tomará
nombre la dinastía que inauguró. Durante
todo el reinado de su hermano paterno, Pedro I el Cruel, mostró
una actitud levantisca: se sublevó en Asturias
en 1352 y de nuevo en Ciudad Rodrigo en 1354. Derrotado, huyó
a Francia y a Aragón, estableciendo alianzas con
sus reyes respectivos. Apoyado por ambos en sus pretensiones
al Trono castellano, en 1366 encabezó una nueva rebelión
nobiliaria; entró en Castilla secundado por las
«Compañías» de Bertrand Du Guesclin
y se autoproclamó rey en Calahorra. Pedro I recurrió
al auxilio de tropas inglesas y derrotó al pretendiente
en la batalla de Nájera (1367). Pero, tan pronto
como los ingleses abandonaron Castilla, Enrique recuperó
la iniciativa militar, puso cerco a Toledo y derrotó
a las tropas reales en Montiel. Sitiado don Pedro en el castillo
de Montiel, intentó parlamentar con su hermano y cayó
en la trampa que éste le tendió; con ayuda de Du Guesclin,
Enrique asesinó a Pedro y liquidó así la
disputa por el Trono (1369). El afianzamiento en el Trono resultó
difícil, ya que el nuevo rey sólo contaba con el
apoyo de Francia, mientras que debía defenderse de los ataques
de Inglaterra, Portugal, Navarra y Aragón; regiones enteras
-como Galicia, Zamora, Ciudad Rodrigo o Carmona- quedaban fuera
de su control, fieles a la memoria del rey asesinado. La alianza
con el rey francés explica la intervención de Castilla
en la Guerra de los Cien Años, e incluso puede interpretarse
la instauración de los Trastámara en el Trono
castellano como un capítulo más de aquella guerra
anglo-francesa: Francia aspiraba a controlar la flota castellana
para cortar las comunicaciones inglesas, mientras que Inglaterra
buscaba la neutralización de dicha flota. En consecuencia,
Enrique hubo de proseguir una guerra exterior después de ganar
la guerra civil, lanzando primero sus fuerzas contra Portugal; tras
ocupar Braganza impuso a Fernando I de Portugal la Paz de Alcoutim
(1371). Luego se enfrentó a Inglaterra, a la que derrotó
en la batalla naval de La Rochela (1372). Ante el resurgimiento
de la amenaza portuguesa, ocupó Almeida y Viseo y bloqueó
el puerto de Lisboa, hasta que Fernando firmó el Tratado
de Santarem (1373), por el que Portugal prestaría su flota
al bando franco-castellano. Más tarde volvió
sus armas contra Navarra, a cuyo rey venció e impuso la
Paz de Briones (1373). Y por último, se dirigió contra
Pedro IV de Aragón, al que también derrotó
e hizo firmar la Paz de Almazán (1375). Por cada uno de estos
tres tratados de paz, Enrique II estableció alianzas matrimoniales
entre sus hijos y los de los reyes de Portugal, Navarra y
Aragón, iniciando así el afianzamiento y la
expansión de su dinastía.
En el interior, Enrique hubo
de impulsar la reconstrucción del país,
dañado por la guerra civil. Su enérgica
acción exterior libró al territorio castellano
de las amenazas bélicas que se cernían sobre
él, facilitando dicha reconstrucción.
Mas para facilitar la recuperación de las economías
nobiliarias y ganarse el apoyo de las grandes casas,
Enrique tuvo que hacer a éstas donaciones masivas de
privilegios, bienes y rentas (las llamadas «mercedes
enriqueñas»). Este ritmo de concesión
de mercedes le obligó a convocar Cortes con mucha
frecuencia (Toro, 1371; Burgos, 1373 y 1377…). Al final
del reinado se vio obligado a ocuparse de nuevo de las guerras
exteriores, por el ataque combinado de Inglaterra y de Navarra
(1377); contuvo el ataque sobre Soria y firmó con Navarra
la Paz de Santo Domingo de la Calzada (1379), poco antes de
morir. Asentada ya la dinastía, le sucedió en
el Trono su hijo Juan I.
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