Rey
de León y de Castilla, primero de la dinastía
de Borgoña (?, 1106 - Fresneda, 1157). Era hijo
de doña Urraca (hija de Alfonso VI, que reinó
en Castilla entre 1109 y 1126) y de Raimundo de Borgoña.
Su madre le reconoció como rey de Galicia en 1111.
Y enseguida encabezó la resistencia de los castellanos
contra las ambiciones de su padrastro, Alfonso I de Aragón:
realizó varias campañas para recuperar los
territorios que el rey de Aragón había retenido
después de separarse de Urraca; las Paces de Támara
(1127) evitaron el choque entre ambos y consolidaron a Alfonso
VII en el trono castellano, al que había accedido un año
antes. No obstante, tuvo que hacer frente a varias rebeliones
nobiliarias entre 1130 y 1133, fruto de la autonomía de
la que habían gozado los nobles en el periodo de desorden
que siguió a la muerte de Alfonso VI. Tras la muerte sin
sucesor de Alfonso I (1134), pretendió además el trono
de Aragón y, aunque no lo consiguió, el intento le
valió la adquisición de La Rioja, la posesión
temporal de Zaragoza y el vasallaje del rey de Navarra, el conde
de Barcelona y varios señores del sur de Francia. Aprovechó
esta situación para hacerse proclamar emperador (1135), expresando
la pretensión leonesa de hegemonía peninsular
y de exclusividad en la reconquista frente a los musulmanes. Dichas
pretensiones no se lograron, pues el reinado de Alfonso VII contempló
una cierta disgregación de la Corona castellano-leonesa:
por un lado, se vio obligado a reconocer la independencia de Alfonso
I Enríquez como rey de Portugal (1143); por otro, al enfrentarse
los reinos de Navarra y Aragón, hubo de optar por apoyar a
uno de ellos frente al otro, lo cual le puso en guerra con García
V de Navarra y le obligó a firmar con Aragón el Tratado
de Tudellén (1151), por el que reconocía a Ramón
Berenguer IV de Aragón el derecho a reconquistar Valencia,
Denia y Murcia; roto ya el sueño imperial, al morir Alfonso
repartió el reino entre sus hijos Sancho III (Castilla)
y Fernando II (León).
En cuanto
a la Reconquista, Alfonso concibió un plan consistente
en hostigar a las poblaciones hispano-musulmanas hasta
que se rebelaran contra los almorávides, para situar
en el poder a su aliado y vasallo Zafadola; a tal fin, realizó
desde 1139 múltiples expediciones de saqueo y de
ayuda a sublevaciones locales. Pero la invasión de
los almohades a partir de 1146 desbarató el plan, obligando
a Alfonso a fortificar la frontera y a aliarse con el almorávide
Ibn Ganiya para organizar la resistencia. Su empresa más
espectacular fue una gran expedición en la que llegó
hasta Córdoba (1144) y tomó Almería (1147);
los almohades recuperaron este importante puerto en 1157 y Alfonso
murió cuando regresaba de aquella batalla.
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